SCIENCE IN THE MOVIES

Doctor Who / El Día del Doctor

Nick Hurran. Gran Bretaña, 2013

El Día del Doctor

Para la celebración del 50 aniversario del Dr. Who o Dr. Misterio la historia tenía que ser muy especial. Tal vez usted, como yo, nunca vio al Doctor antes de la nueva temporada, pero esta serie clásica de ficción científica y fantasía se convirtió en un elemento básico de mi vida cuando mis hijos llegaron a la adolescencia. Se trata de una pequeña ceremonia familiar sentarnos a verlo y disfrutar de las bonitas historias haciendo la vista gorda a las debilidades en los efectos especiales de bajo presupuesto. Y cuando el padre de Rose tuvo que morir, lloré vivamente.


De El Día del Doctor elegí para esta reseña los bolsillos del universo, las armas conscientes y una idea clave de toda la serie, las reencarnaciones del doctor que justifican el cambio de actores (más de una decena hasta la fecha).


Aunque personalmente espero que el nuestro sea el único universo en existencia (hay más que suficiente maldad en uno), algunos físicos teóricos piensan que hay otros, y si tiene sentido considerar algunos como más grandes, puedo pensar en un universo que sea como un bolsillo conectado al nuestro. Pero hasta allí llego. Realmente no hay pruebas de esa posibilidad.


Mientras sopesaba la idea de un arma que se pregunta si está bien matar, de inmediato recordé la excelente película de 1970 Colossus: el proyecto prohibido, en el que los computadoras militares soviética y estadounidense deciden que no quieren matarnos y colaboran para traernos, finalmente, ¡la paz del mundo!


Así que las armas éticas no son imposibles desde el punto de vista de la ciencia, es más una cuestión de tiempo y tecnología.


Por último, el hueso más duro de roer: las reencarnaciones. Por supuesto que usted puede apostar a que diré que la ciencia rechaza esta posibilidad... ¡Pero no!


En cierto modo, la reencarnación es un fenómeno cotidiano de nuestro ADN, que transmigra a cuerpos nuevos cada vez que se engendra un niño, un helecho o un camarón, por dar tres ejemplos. De esta manera, la vida continúa a pesar de nuestra propia mortalidad, como lo hecho por miles de millones de años.