SCIENCE IN THE MOVIES

4:44 Last Day on Earth / 4:44 Último día en la Tierra

Last Day on Earth

The fear of an inevitable end is so old that no one knows its origin. It appeared almost 4000 years ago in the Epic of Gilgamesh and reaches the biblical apocalypse 2000 years later. At 4:44 Last Day on Earth it is life, not the planet, which eventually ends for the action of cosmic radiation. The heart of the film is how this awareness affects human behavior. This is a very similar approach to that of Melancholia, the masterpiece by Lars von Trier, also outlined in Del Tubo a la Lata, and Les derniers jours du monde by Arnaud and Jean-Marie Larrieu, in which people free themselves sexually while facing the imminence of the end.


The idea that sunlight damages the ozone layer is, to my knowledge, incorrect: radiation creates ozone. The scientifically proven effects of the radiation that comes from the stars include damage to the eyes and skin, weakening of the immune system and cancer: serious enough to worry. We are more exposed to radiation when we travel by plane. The fuselage does not protect us, when solar activity increases radiation, planes travel at lower altitudes to reduce our exposure. With such effects from small amounts of radiation it is reasonable to think that a very intense radiation would destroy life, except perhaps in very deep soil areas inhabited only by bacteria. Our planet and our universe will inevitably have an end, and we barely have represented a nano-moment in its history. Given this thought, the abandonment of social norms is quite probable: we know this because it already happened in Europe when the bacterium Yersinia pestis produced the great bubonic plague of the XIV century. 4:44 Last Day on Earth reminds us of that inescapable reality.




El temor a un fin inevitable es tan antiguo que nadie sabe su origen. Aparece hace casi 4000 años en la Epopeya de Gilgamés y pasa por el Apocalipsis bíblico 2000 años después. En 4:44 Último día en la Tierra es la vida, no el planeta, lo que acaba por acción de radiaciones cósmicas, y el meollo de la película es cómo afecta esta consciencia el comportamiento humano. Un enfoque muy parecido al de Melancholia, la obra maestra de Lars von Trier, también reseñada en Del Tubo a la Lata y de Les derniers jours du monde de Arnaud y Jean-Marie Larrieu, en la cual la gente se libera sexualmente ante la inminencia del fin.


La idea de que la radiación solar daña la capa de ozono es, hasta donde sé, incorrecta: la radiación más bien crea ozono. Los efectos científicamente demostrados de la radiación que nos viene de las estrellas incluyen daños en la vista y la piel, debilitamiento del sistema inmunológico y cáncer. Suficientes para preocuparnos. Cuando viajamos en avión es cuando más nos exponemos a esta radiación. El fuselaje no nos protege, al punto de que cuando los cambios solares nos traen más radiación, los aviones viajan a menor altura para disminuirla. Con tales efectos de radiaciones pequeñas es razonable pensar que una radiación muy intensa destruiría la vida, salvo tal vez en zonas muy profundas del suelo habitadas únicamente por bacterias. Nuestro planeta, y nuestro universo, inevitablemente acabarán, y apenas habremos representado un nano-instante en su historia. Ante tal pensamiento, el abandono de las normas sociales perfectamente podría darse: lo sabemos porque ya ocurrió en Europa cuando la bacteria Yersinia pestis produjo la gran plaga bubónica del siglo XIV. 4:44 Último día en la Tierra nos recuerda esa ineludible realidad.