SCIENCE IN THE MOVIES

Super 8

J.J. Abrams. EEUU, 2011.

Super 8

Mientras veía esta película mi hija comentaba de vez en cuando "¡qué ternura!". Y también me estuvo explicando que, a pesar de mis risas, no era una comedia. ¡Cuánta razón tenía!


Super 8 apela a la nostalgia de quienes recordamos las viejas películas de monstruos de la década de 1950. Al igual que en la excelente película del 2011 Paul, esta película del director J.J. Abrams presenta un extraterrestre que se estrelló y es mantenido como rehén por el ejército de Estados Unidos para sus propósitos típicamente mortales. Pero a diferencia de Paul, Super 8 no es una sátira de la sociedad; además, este extraterrestre carece de voz.


Hay tres cosas que me llamaron la atención: las naves tipo "lego", unas inamovibles armaduras naturales y los recolectores magnéticos.


La nave espacial extraterrestre está hecha de millones de piezas idénticas que puede organizarse para armar una nave interestelar. Todas las piezas lucen iguales, pero pueden producir partes muy diferentes, igual que las células madre en un organismo, células que tienen suficiente información genética para convertirse en cualquier parte del cuerpo. Estas piezas de la nave solo podrían funcionar si fueran capaces de atraer y organizar moléculas externas a ellas; algo imposible con nuestra tecnología, pero posible de imaginar: nuestro viejo sueño de máquinas fabricantes de máquinas. Ya tenemos brazos robóticos que arman automóviles, por lo que la idea no parece superar las posibilidades tecnológicas en un futuro muy, muy lejano.


La armadura misteriosa que permite a los extraterrestres avanzar sin ser afectados por balas de fuerza militar, sin embargo, es imposible. La razón es que la energía de las balas tiene que ir a alguna parte, y la energía afecta a cualquier cuerpo terrestre o extraterrestre. Estudios de espectrometría demostraron hace mucho que otras partes del universo tienen los mismos elementos químicos que nosotros, así que no se vale invocar una materia misteriosa.


Finalmente, la fuerza magnética que atrae objetos metálicos de forma que estos revolotean como hojas que lleva el viento también es científicamente problemática: sabemos por experiencia que los metales atraídos por imanes se mueven en línea recta; pero bueno, ¡de todos modos es una linda película!