SCIENCE IN THE MOVIES

Dune / Duna

Dune

Dune is an American film of Italian production released in 1984. It is about a planet in the future where giant worms that inhabit the desert sands produce a bile that extends life, expands consciousness and allows people to travel stellar distances in an instant. Of course, economic interests and political intrigue move around this wonderful resource that summarizes human aspirations.


As in other films that I have reviewed in Espectro, it is not true science fiction, but within the fantasy of the story there are some scientific issues. The truth is that as far as modern biology knows, giant worms do exist. For those of us accustomed to 20 centimeter earthworms, the African worm that exceeds 6 meters is a giant, and that, if we do not think of the 60 meter polychaetes that actually live in the sea. However, none compare to the 400 meters worms in the film.


The idea of an organism producing substances capable of extending human life does have a basis in real life: fruit is the terrestrial equivalent of the worms on planet Arrakis. A diet rich in fruit not only prolongs human life but also decreases the likelihood of getting cancer.


Additionally, substances extracted from organisms are capable of “expanding” consciousness: drugs like cocaine make the mind more alert to the sensations of light, sound and touch, making them interesting for our sex life if we do not consider side effects such as addiction, paranoia and heart attacks. As an organic product capable of warping space-time, for the moment this is just fiction.


Experts still wonder how the industry could make such a bad movie from such a good novel, but Dune has its group of followers even a quarter century after its premiere.




Duna es una película estadounidense de producción italiana estrenada en 1984. Trata de un planeta del futuro donde unas lombrices gigantescas, que habitan las arenas del desierto, producen una bilis que alarga la vida, amplía la consciencia y permite viajar distancias estelares en un instante. Por supuesto, grandes intereses económicos y políticos se mueven alrededor de tan maravilloso recurso.


Al igual que en otras películas que hemos reseñado en Espectro, no se trata de verdadera ciencia ficción, pero dentro de la fantasía de la historia hay algunos temas rescatables. La verdad es que hasta donde sabe la biología actual, las lombrices gigantes sí existen. Para quienes estamos acostumbrados a las lombrices terrestres de 20 centímetros, la lombriz africana que supera los 6 metros de longitud es una gigante entre las lombrices, y eso si no pensamos en los poliquetos de 60 metros de longitud que realmente habitan hoy día en el mar. Sin embargo, ninguno se compara con las lombrices de 400 metros de largo de la película.


Por otra parte, la idea de que un organismo produzca sustancias capaces de alargar la vida humana sí tiene asidero en la vida real: las frutas son el equivalente terrestre de las lombrices del planeta Arrakis que aparece en Duna; su consumo no solo alarga nuestra vida sino que disminuye la probabilidad de sufrir de cáncer.


También se extraen de organismos ciertas sustancias capaces de ampliar la consciencia: drogas como la cocaina vuelven a la mente más alerta ante las sensaciones de luz, sonido y tacto, por lo que resultarían muy interesantes para la vida sexual si no fuera por sus efectos secundarios de adicción, paranoia y ataque cardiaco.


En cuanto a un producto orgánico capaz de doblar el espacio tiempo, por el momento esto es solo ficción.


Aunque los especialistas aun se preguntan cómo se pudo hacer una película tan mala de una novela tan buena, Duna tiene su grupo de seguidores aun un cuarto de siglo después de estrenada.