SCIENCE IN THE MOVIES

Her / Ella

Her/Ella

Sike Jonze, EEUU, 2013


Desde que yo era niño conocía la historia de la computadora que se enamoró de un hombre. Debo haberla visto en La Dimensión Desconocida o alguna teleserie parecida. Recordé inmediatamente esa historia viendo Ella, donde ocurre lo mismo, con la diferencia de que es un amor correspondido.


¿Qué nos dice la ciencia actual? ¿Es posible un amor así? ¿Es científicamente viable que ese amor incluya sexo? ¿Podría una computadora abandonar a su amado por otro?


Igual que en otros casos en Del Tubo a la Lata, como científico tengo que tener una mente abierta y preguntarme si lo que no es posible hoy podría razonablemente serlo mañana.


El amor es una condición del cerebro que se da cuando hay ciertos estímulos. Los estudios de Arthur Aron y Helen Fisher, entre otros, muestran que al conocer a la persona de que nos enamoramos, cambian nuestras concentraciones de hormonas como la dopamina y por supuesto también sustancias almacenadas en partes del cerebro cuyos nombres científicos, como globus pallidus y substantia nigra, indican que quienes las nombraron no sabían que eran.


La respuesta a la primera pregunta es que si una computadora puede producir esos cambios bioquímicos en nuestro cerebro, ciertamente podríamos enamorarnos de ella, especialmente si es a distancia mediante conversaciones telefónicas, como en la película.


La segunda pregunta también tiene respuesta positiva: tenemos evidencia de que, al menos desde hace 35 000 años cuando se esculpió la Venus de Ulm descubierta por Nicholas Conard en Alemania, hemos estado usando tecnología para producir cosas que enriquecen nuestra vida sexual. Basta ver las estadísticas de visitas en Internet.


La pregunta final es más difícil: ¿podría una computadora dejar a su actual amor por uno nuevo? No sé la respuesta pero lo dudo, seguramente podremos evitar esa opción, ¡pagando extra al fabricante, claro está!